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Muere Ezequiel Martínez Estrada

Notable ensayista, poeta y cuentista, uno de los más sobresalientes escritores de la literatura argentina; autor de “Títeres de pies ligeros”, “Radiografía de la pampa” y “Muerte y transfiguración de Martín Fierro”

Santafesino de nacimiento, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el Sudeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de la separación de sus padres en 1907, viajó a la ciudad de Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas hubo de interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires.

Publicó seis libros de poesía entre los años 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica argentina. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre sus alumnos, se contó el luego célebre médico René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte, y con el dinero obtenido por el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena.

Desde 1946 colaboró con la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó durante esa época obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre.

En los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, según dejará consignado el mismo escritor. Luego de la caída de Perón, y luego de ser sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando una serie de escritos que él llamaba sus “catilinarias” (Cicero y sus Oraciones Catilina), serie de acérbicos escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que la Argentina atravesaría una centuria de “Pre-Peronismo, Peronismo, Post-Peronismo.”

El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 luego de la caída del régimen, pero al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

En 1959, Martínez Estrada comienza una serie de viajes a Chile, a la Conferencia de Paz en Viena, donde conoce al poeta cubano Nicolás Guillén, a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo fijando paralelos con Asia y Africa, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo, el colonialismo y expresando admiración por la Revolución Cubana, que sería su siguiente destino.

Desde setiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro. Veía en Cuba un destino manifiesto, donde los Taíno se unirían a los Amaurotos de Thomas More, y la Cuba revolucionaria con el ideal de Cuba de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la revista “Sur”. Comienza así un aislamiento, en su tierra, que lo acompañará hasta su muerte. Silenciamiento que persiste todavía hoy, por razones no tan fáciles de comprender.

Martínez Estrada deja Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA, y él estaba teniendo problemas de salud y financieros, por lo que decide que “servirá mejor a la revolución desde afuera”. Pasa por México y retorna a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completa sus tres libros sobre José Martí (ninguno publicado en vida y uno de los cuales permaneció inédito hasta 2001), escribe un trabajo sobre Balzac, y continúa escribiendo poemas (notables sus Tres poemas del anochecer – último trabajo publicado en Sur). Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud o, como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado con la revolución.

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