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Bolsas de polietileno: Prohíben su entrega en varias ciudades
30 septiembre, 2015, 12:39 pm
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La bolsa de plástico demora cerca de 100 años en descomponerse, dependiendo de la exposición a la luz ultravioleta y otros factores. Proponen su reemplazo por otras que cumplan igual función pero que no dañen el ambiente.

El Senado bonaerense aprobó por unanimidad una ley que prohíbe a los comercios de esa provincia, la entrega de las tradicionales bolsas de nylon. Normas similares hicieron vanguardia en el sur argentino y, a nivel nacional, un diputado entrerriano propuso igual camino para terminar con la contaminación de las bolsas de plástico. Científicos y ambientalistas debaten las alternativas al polipropileno.

El Senado bonaerense aprobó por unanimidad una ley que prohíbe a los comercios de esa provincia, la entrega de las tradicionales bolsas de nylon.
En un lapso máximo de dos años, deberán usarse empaques de carácter biodegradable, según la norma impulsada por el gobierno de Daniel Scioli quien deberá reglamentar y fijar los plazos para su aplicación.

Según los términos preestablecidos, los fabricantes deberán registrar las nuevas tecnologías en materia de producción de bolsas biodegradables y los comercios tendrán de 12 a 24 meses de plazo para eliminar el sistema actual y reemplazarlo por productos alternativos “más amigables con el medio ambiente, como las bolsas de papel o los plásticos biodegradables”.

Con esto se busca evitar la utilización y posterior desecho de bolsas de polietileno y todo otro material plástico convencional, utilizados y entregados por supermercados, autoservicios, almacenes y comercios en general para transporte de productos o mercaderías.

A nivel nacional un proyecto presentado, en mayo del año pasado, por el diputado entrerriano Raúl Solanas, prohíbe en todo el territorio nacional, la utilización de bolsas de material no biodegradable para contener mercaderías, materiales o productos expendidos en supermercados, almacenes, comercios o industrias en general. En su reemplazo propone recipientes de material biodegradable.

La iniciativa, que se encuentra en estudio de la comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano e Industria de la Cámara Baja, exceptúa los envases de alimentos o insumos húmedos, elaborados o preelaborados y todos aquellos que, por razones de seguridad y conservación, no puedan remplazarse por materiales biodegradables.

Según el texto, la Subsecretaría de Industria y Comercio y Minería y la Secretaría de Desarrollo Sustentable y Política Ambiental, determinarán el régimen de sanciones e incumplimiento, el valor de las multas y las excepciones, así como las campañas de difusión y concientización.

La norma se aplicará en forma progresiva en un plazo máximo de 10 años a partir de su sanción y los fabricantes dispondrán de programas de reconversión industrial que estarán a cargo de la autoridad de aplicación y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). “Superado el plazo las empresas fabricantes serán responsable de la destrucción o del reciclado de las bolsas no biodegradables”, indica proyecto.

En tanto, la Subsecretaría de Industria y el INTI crearán una fórmula polinómica para los envases no biodegradables determinando la relación entre el contenido y el volumen y la cantidad de material utilizado.

Sobre su proyecto Solanas destacó que las bolsas de plástico se fabrican con derivados del petróleo: “Cada bolsa de plástico que se utiliza en las compras diarias tiene un importante costo ambiental, no sólo porque en su fabricación se utilizan energías no renovables, sino también porque sobre todo, se contamina el medio ambiente. Es decir, sus efectos contaminantes no sólo repercuten a nivel de su biodegradabilidad, al tardar años e incluso décadas en descomponerse, sino además, porque su incineración genera gases que resultan altamente tóxicos, e incluso si están serigrafiadas, las tintas con las que están impresas contienen residuos metálicos también contaminantes”.

Por otro lado, las bolsas de material no biodegradable son problemáticas para el cuidado del ecosistema, debido a que una vez que se convierten en basura, se mantienen en ese estado por décadas, y como consecuencia puede afectar a animales por su ingesta, causan problemas urbanos como la obstrucción de desagües y su incineración genera gases que resultan tóxicos para la salud. “Asimismo, las bolsas también se convierten en un problema estético para el paisaje, pues las encontramos volando por doquier, favoreciendo entre tantas cosas a ensuciar la ciudad, los paisajes, las calles, los parques y los ríos”, afirmó.

Como alternativa al plástico Solanas destaca las soluciones impuestas en países como Japón y Alemania que desarrollan y promueven la utilización de telas livianas en la fabricación de bolsas no desechables.
En ese país europeo existe una Ley cuyo objetivo es reducir al mínimo el uso de estos materiales en el packaging de los productos. En ese sentido se incentiva a los consumidores a utilizar bolsas de tela, debiendo pagar las bolsas de plástico en los comercios. Además, las empresas que optaban por seguir utilizando materiales no biodegradables se deben hacer cargo de su reciclado, según explica en su proyecto. En tanto, en Sudáfrica, San Francisco (EE.UU), Blangadesh se usan bolsas de yute, tela, papel resistente reutilizables.

A nivel nacional, localidades como El Bolsón, El Calafate y Comodoro Rivadavia ya tienen normas similares que lograron una reducción de un 30% del uso polietileno en envases.

En Paraná no hay normas o proyectos que prohíban aquellas bolsas que tardan más de 100 años en descomponerse. Un solo hipermercado entrega bolsas de plástico oxi-biodegradables.

El uso de las bolsas fabricadas a partir de materiales plásticos recuperados o biodegradables –aún teniendo la misma resistencia y costando sólo un 10% más que las de polietileno– no han tenido eco entre los comerciantes locales y los fabricantes sólo las hacen por encargo. Así lo explicó a RecintoNet personal de la empresa Sabaté. “Las bolsas biodegradables se hacen sólo por encargo; vienen de todo los tamaños; tienen la misma resistencia que las de polietileno y cuestan entre un 8 y un 10% más. Su uso no está generalizado aún. Nosotros entregamos estas bolsas de supermercado a un solo cliente de General Ramírez que tiene una estación de servicio”.

Sobre la conveniencia de promover en Paraná una norma similar a la establecida por el Gobierno porteño Vanesa Zendher, de EcoUrbano explicó que, en este momento, la ciudad debate el tema de la Planta de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), por lo que plantear un proyecto sobre prohibición de bolsas de plásticos no sería oportuno. Sin embargo reconoció que los esfuerzos combinados por limpiar la ciudad de la basura, sobre todo de aquella inorgánica, no están de más.

En tanto advirtió que la discusión sobre la eficacia de las bolsas oxi-biodegradables aún no está cerrada ya que muchos expertos cuestionan que con esta tecnología los plásticos no se degradan tan fácilmente como se promociona.

En ese sentido, la Red Nacional de Acción Ecologista alertó a legisladores y responsables de políticas ambientales de municipios y provincias sobre “las bolsas supuestamente degradables” propuestas desde diferentes planes gubernamentales.

Advirtieron que las bolsas que se venden en el país no son biodegradables –es decir que no se convierten en agua y carbono– sino que son oxi-degradables (u oxo-degradables) –es decir que se convierten en plástico picado.

Una investigación realizada por la Red concluyó que la utilización de bolsas de materiales plásticos oxo-degradables en reemplazo de las bolsas plásticas tradicionales no es conveniente pues “no existe consenso a nivel mundial sobre su biodegradabilidad y compostabilidad, así como sobre el impacto de sus productos de degradación sobre el medio ambiente”.

En un comunicado señalaron que el Instituto Argentino de Certificación y Normalización (IRAM) conformó una comisión especial que establecerá la terminología sobre biodegradables para “no confundir algo que se desintegra con algo que se biodegrada”, la norma de requerimientos para considerar que un material sea biodegradable y qué sector público será organismo de aplicación que certificará el carácter de los productos que se prohíban o se habiliten.

En este punto la Red instó a los legisladores a “no sancionar leyes sin conocer el camino formal que implica la introducción de elementos químicos nuevos al mercado y consultar al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) Plásticos y al Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Técnica, antes de legislar al respecto.

La norma bonaerense
Técnicos del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) señalaron que se pretende eliminar aquellos elementos no biodegradables de polietileno, polipropileno y otros polímeros artificiales, utilizados como método de embalaje para evitar que estos, luego de su utilización, se desechen y degraden el medio ambiente. Para ello se apelará a un laboratorio que certificará que las nuevas bolsas cumplan con determinados requisitos que aseguren que son biodegradables.

En ese sentido, según explican los fundamentos del proyecto, la bolsa de plástico demora cerca de 100 años en descomponerse, dependiendo de la exposición a la luz ultravioleta y otros factores. Por otra parte se pretende crear conciencia acerca de la necesidad de cambiar, como elemento de uso cotidiano para transportar pequeñas cantidades de mercancías, a las bolsas de nylon por otras que cumplan igual función y no dañen el ambiente.

Avanzados
Desde hace poco más de un año, la Localidad santacruceña de El Calafate cuenta con una ordenanza municipal (la Nº 1.018/06), que prohíbe la utilización de bolsas de material no biodegradable para contener las mercaderías expendidas en los supermercados, almacenes y cualquier otro tipo de comercio y prevé multas de ”hasta 3.000 unidades fijas y la inhabilitación comercial por el término de tres días hábiles” a los comercios que la infrinjan. Mendoza, Chubut y El Bolsón adoptaron medidas similares.

Algunos números
Se estima que en el mundo entero, se consumen entre 4 y 5 billones de bolsas por año. Para producir 100 millones de bolsas de plástico se utiliza 1.6 millones de litros de petróleo, es decir que se consumen entre 64.000 y 80.000 millones de litros de petróleo al año para fabricar bolsas de supermercado.

Estados Unidos y la Unión Europea consumen el 80% de la producción mundial, aunque su generalización en los países en vías de desarrollo está agravando el problema.

En España, según datos de una entidad que agrupa a fabricantes y distribuidores de bolsas (Cicloplast) se estima que se distribuyen unos 10.500 millones de bolsas de plástico al año y que cada ciudadano consume de media de 238 bolsas de plástico anuales (más de 97.000 toneladas) de las que apenas se recicla el 10%.

Argentina –por supuesto–, no cuenta con estadísticas pero el problema de la basura sigue siendo uno de los ejes sanitarios más importantes a resolver. La ciudad autónoma de Buenos Aires debate el problema de la “basura cero” y la capital entrerriana comienza a debatir un sistema conveniente para disponer de los residuos sólidos urbanos y sanear el volcadero municipal. (RN)

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